14 de julio de 2014

‘Mi padre estuvo todo el tiempo en la Morgue’

Guillermo Sarzosa buscó a su padre durante una año


TESTIMONIO.  Guillermo Sarzosa  buscó a su padre durante un año. su cuerpo estuvo en medicina legal desde julio de 2013... sus cenizas ahora están en el mar...
 
"Era martes. Estaba en casa, con mi hijo, cuando timbró el teléfono. Era un agente de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desaparición, Extorsión y Secuestros (Dinased) de Quito: “Don Guillermo, por favor, acérquese para ver un cuerpo. Tal vez sea el de su papito”. No entendía. Mi padre desapareció un año antes.

La conversación continuó: “Dígame algo característico de su papá”. Respondí: dos tatuajes. La voz al otro lado de la línea confirmó: “sí, uno es de un dragón”. No hubo dudas. Era mi papá. El tatuaje que tenía en el brazo derecho se lo hice yo.

Llegué a la Morgue a la hora de almuerzo, así que tuve que esperar para que me ayudaran. El primer paso del reconocimiento fue una foto realizada cuatro meses después de la muerte de mi padre. Lo primero que se me ocurrió es que lo encontraron en ese momento, pero no fue así. Todo el tiempo estuvo en la Morgue. Estaba lacerado, su cuerpo había adquirido una tonalidad café, en descomposición. Estaba desnudo. Cuando por fin lo vi, sentí cosas difíciles de definir, sentimientos encontrados.

Hice la denuncia de la desaparición, y nunca hicieron nada. Nunca me llamaron. Ahora dicen que sí lo hicieron, pero ellos saben que no fue así, se quieren limpiar las manos. No entiendo por qué no lo hicieron. El cuerpo de mi padre estaba identificado. Solo cuando ingresó a la casa de salud en Ibarra, el 22 de junio del año pasado, entró como NN. Pero salió de ahí como Guillermo Sarzosa Uquillas. Él fue encontrado con una fractura en el cráneo e internado en Ibarra. Un día después fue llevado a una clínica, en Quito. No lo recibieron, seguramente porque estaba solo. Por eso lo enviaron al hospital Eugenio Espejo. Allí murió, el 1 de julio. Como causas de la muerte se señalan trombosis y preinfarto. Su cuerpo fue trasladado a la Morgue, nadie nos avisó. Él no era un NN, estaba identificado como Guillermo Sarzosa. Ahora, que han estado revisando los archivos, se dan cuenta y me llaman.

Para retirar su cuerpo de la Morgue, el trámite duró nueve días. Me indicaron que debía sacar la hoja de alza del cuerpo del hospital. En el Eugenio Espejo no me querían dar el documento. Me cuestionaron el pedido que hice sobre la historia clínica. No pude sacar una copia certificada; debí conformarme con una simple, sin sello. Luego me pidieron las huellas dactilares: ni siquiera eso pudieron sacar en el edificio sofisticado de Criminalística. Mi tía me las tuvo que traer de Ibarra. El permiso para cremar el cuerpo de mi padre me lo dio una fiscal. Ella no podía creer que había pasado un año en la Morgue. También tuve que acudir al archivo provincial: no me podían dar la información porque no sabían si es que yo era en verdad el hijo. Era evidente que era mi papá: tenían las huella dactilares, el número de cédula, la fecha de nacimiento. Tenían el registro del alza del cuerpo, una hoja cifrada con los números 08 en la que decía de que murió, quién era, cómo y cuándo...

Cuando hice la denuncia de su desaparición, el cuerpo estaba fresquito, pudieron haberlo revisado. Dejé números de teléfonos, había afiches, papeles, fotos, hojas con información; pero nunca llamaron. Solo una vez, un policía me llamó: “Disculpe, ¿cómo es qué se llamaba su papá...”. Mi abuela, ante la desesperación, contrató un detective en la Costa porque le dijeron que lo habían visto por ahí. La Policía nunca se movilizó para buscarlo. La denuncia no se movió del archivo de ese fiscal que no investigó. Yo estuve al frente durante  todo este proceso . Es un  dolor, no de un momento, sino de todos los días.  Aunque nos queda la tranquilidad de que se lo encontró, no es suficiente. Ni a un perro se lo deja así. Ahí lo tuvieron tirado sabiendo cómo se llamaba.  Ellos debían haber revisado si es que había una denuncia. Él siempre llamaba pero, cuando dejó de hacerlo, comenzamos a buscarlo por nuestra propia cuenta. Pusimos la denuncia dos meses después de su desaparición, en agosto. No tuvimos una reunión con el fiscal ni con el agente. Nunca llamaron y, si lo hacían, era para decir: “¿cómo es que se llamaba? Se me perdió la foto...”

A mi abuelita le dijeron: “Tranquila señora, su hijo debe estar por ahí, vagando. Ya regresará”. Un año pasamos buscándolo todos los fines de semana en las morgues, hospitales, albergues. Pegamos afiches en la mayoría de lugares. Una parte de las cenizas las arrojamos en el mar y la otra en Quito. Aunque me tranquiliza saber dónde está, también siento ira. Este daño que nos han hecho es muy grande. Es un daño para mí, para mis hermanos, para mi familia. Psicológicamente estamos acabados. Se que va ser una lucha larga para saber qué pasó. Presentaré una acción en contra del fiscal, la Judicatura y la clínica porque esto no puede quedar así. En la Morgue los cuerpos están en fila, desnudos, tirados. De ahí, directo a la fosa.

Aunque me tranquiliza saber dónde está, también siento ira. Este daño que nos han hecho es muy grande. Psicológicamente estamos acabados".

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