Sonriendo y con el cabello recogido con dos
pequeñas vinchas. Así aparece María del Cisne en una foto que circula en redes
desde el 22 de enero del 2014. A esa fecha, la niña tenía 7 años y desde
entonces está reportada como desaparecida. Todo comenzó mientras ayudaba a su
madre a vender espumillas en el centro de Loja.
Sandra Guamán muestra el cartel con la foto de María del Cisne, su hija desaparecida. Foto: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO |
Desde ese día, Sandra Guamán ha buscado por
toda la provincia a su hija. La imagen también fue pegada en postes, calles y
vehículos, pero nadie la ha visto. “Mami ya vengo”, fueron las últimas palabras
que María del Cisne le dijo y luego corrió con las zapatillas blancas que
llevaba. Ella se apartó de su mamá para comprar más conos para las espumillas.
El local donde vendían los envases estaba a
pocas cuadras. María del Cisne siempre hacía ese recorrido, pero esa mañana no
regresó. Han pasado 15 meses y nadie sabe dónde está. Ahora, cada noche sus
padres le rezan a la Virgen del Cisne para que la cuide y la regrese.
Lo mismo
pide Graciela Vallejo cuando va a la iglesia. Ella vive en Pomasqui (norte de
Quito). Desde hace un mes no hay rastros de Marjorie Loza, su hija de 15 años.
La tarde del 9 de abril ella y su esposo fueron al templo, pero recuerdan que
la joven se quedó con sus dos hermanas haciendo deberes.
Cuando ellos regresaron a las 19:00, su hija
mayor de 17 años le dijo que Marjorie había salido a imprimir una tarea. En ese
momento fueron a buscarla pero el local estaba cerrado. Esa noche no pudieron
dormir y al siguiente día fueron al colegio y preguntaron a sus compañeras,
pero nadie sabía dónde estaba. En su cuarto la ropa sigue en sus cajones, sus
uniformes y cuadernos de la escuela continúan en su mochila.
Al principio parecía que nada se había llevado.
Sin embargo, su madre dice que no aparece una maleta. Recuerda con claridad esa
bolsa, porque 15 días antes de que Marjorie se perdiera, todos viajaron a la
playa.
¿Por qué desaparecen los niños y adolescentes?
El año pasado desaparecieron 1 800 menores en
el país. Pero la Dinased (Policía especializada en desapariciones) encontró a 1
737 y apenas dos fueron hallados muertos. 63 casos del año pasado son indagados
actualmente.
De acuerdo con las investigaciones, las razones
principales para que los niños se vayan de casa son: problemas familiares,
maltrato físico, psicológico y sexual. Carina Argüello, subsecretaria se
Seguridad Interna, dice que también han encontrado menores en situación de
mendicidad, trata de personas y pornografía infantil. En casos de niños
pequeños la desaparición se da porque no pueden regresar a sus viviendas.
Nahomy Zambrano se perdió en la playa cuando
tenía 1 año y 11 meses y Adrián Romo a los 2 años en la antigua terminal de
Quito. Cuando Nahomy se extravió su familia estaba de paseo y desapareció en el
tumulto de la gente. Eso ocurrió en el 2007, ahora Nahomy tendría 10 años. Su
madre, Irene Zambrano, todavía conserva su ropa de bebé y juguetes. Ellos la
siguen buscando y su fotografía todavía es difundida en asociaciones de
personas perdidas. Lo mismo ocurrió en el caso de Adrián. Él se perdió hace 20
años. Desde entonces, su madre lo ha buscado por todo el país. El único
recuerdo que tiene es una fotografía sentado en el jardín de su casa.
Carlos Alulema, director de la Dinased, explica que en los casos que llevan
años en investigación es un complejo encontrar pistas que ayuden a
localizarlos. “A mayor tiempo mayor dificultad. Sin embargo, ahora contamos con
herramientas como la prueba de perfil genético para identificarlos”.
El año anterior, la Policía encontró dos
menores fallecidos. Uno ocurrió en Azogues. Allí, el 26 de febrero del 2014
desapareció Viviana Encalada. La niña de 10 años fue encontrada sin vida en las
orillas de un río.
Vestía un pantalón jean y una blusa morada. La
Policía la halló sin uno de sus zapatos. Su madre recuerda que siempre le
aconsejó que no hable con extraños y que si alguien intentara secuestrarla
debía gritar. La tarde en que Viviana se perdió, su madre retiraba su libreta
de calificaciones. “La profesora de mijita me felicitó porque tenía buenas
notas”. En cambio, la niña salió de su casa para ir a clases de catecismo. Le
faltaban seis meses para hacer su primera comunión.
Entre lágrimas la mujer dice que lo último que
le pidió su hija fue que a su regreso le prepare capulí cocinado. “A mi guagua
le encantaba ese plato”.
El mismo
drama vivió la familia de Joel Guzmán, en el 2013. Él tenía 8 años y su cuerpo
fue hallado una semana después en El Oro. La última vez que su familia lo vio
estaba en Azuay.
En contexto
Según datos de la Dirección de Desapariciones y
Muertes Violentas (Dinased), la mayor cantidad de desapariciones se presenta
entre 16 y 20 años. El 2% corresponde a niños de 0 a 5 años. Otro porcentaje
similar corresponde a niños de 6 a 10 años de edad.
Contenido publicado originalmente en:
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