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15 de septiembre de 2016

A Walter Garzón: "porque los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos"

A Walter Garzón: Familia, compañero, defensor de derechos humanos. Porque los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.
Viejo!!!!... así aprendí a decirte después de un día que estabas en mi casa y conversamos con mi papa por Skype y mi papá insistente me repetía “mija cuídese” y vos cerraste la conversa diciéndole no se preocupe don Bernardo yo se la cuido… y mientras escribo estas letras la casa huele a café recién hecho y arepa quemada, tu menú de todos los días; resuenan malos chistes y largas conversas de marxismos, trosquismos, ateísmos y otros ismos… y la mesa esta llena de fotos de Carolina, de cartas a ministerios, de recortes de prensa y afiches de otros, “son mi gente” los llamabas. Cientos de rostros desconocidos que vos recolectabas de postes y paradas de bus para dedicarte también a buscarlos, porque la única manera de soportar tu dolor era a punta de solidaridad y militancia… Y te me volviste familia….
Ya llevabas al menos 6 meses en Quito buscándole a tu hija y yo escuché tu voz en una radio, enérgico, rabioso, acusando el Estado y te llamé; en un café de la Amazonas fue el reencuentro y de tu morral empezaron a salir fotos de Carolina y hablabas emocionado y seguro de encontrarla, a tu muchacha, a la estudiante, la militante, la mujer fuerte, la hija…. Y del morral salieron también fotocopias con rostros y nombres desconocidos y me hablabas con dolor de los cientos de desaparecidos que hay, de la falta de unidad de las familias, de la indolencia y de la inoperancia del Estado y empezaste a hablar de Carolina, de la negligencia fiscal, de la falta de hipótesis, de tu certeza de que nunca se ahogó y en una hoja a puño y letra un plano de Paluco, del río, de esa casa, de ella; y desde ese día ya no me pude desprender mas de vos… Recuerdo mucho el primer escrito que hicimos juntos sobre el caso para que lo firmara los que en ese entonces eran tus abogados, ese día me dijiste que de razón yo no era solo abogada porque era la única que le había parado bolas a tus teorías… 

Luego vinieron las primeras reuniones con los familiares, los plantones, las marchas… ese brillo en tus ojos inquietos, esos pies ligeros y firmes, esa voz enérgica, esa terquedad, esa ternura para acercarte al dolor del otros, esa energía inagotable. Y te me volviste un maestro…
Y de tantos recuerdos dos se me acumulan en la retina con insistencia estos días; iban a ser las 6:00 de la mañana y me llamaste a contarme tu sueño, Carolina iba en un bus azul y te subiste y te sentaste a su lado y ella te dijo “pichurria porque se demoró tanto”… y me pediste que nos fuéramos a buscarla en los buses, que recuerdas que era una calle larga, un muro blanco, un árbol, un bus… un bus… un bus que no sabíamos a donde va.

Y ese día viniste a mi casa y fuimos a buscarla en buses, siguiendo tu intuición, siguiendo tu dolor, ese fue el único día que una lágrima deshizo tu sonrisa. Lloramos, no hubo café, y Renato se quedó contigo en el cuarto, como curándote.

Cuando los achaques de salud empezaron a hacerse evidentes aquí en Ecuador, no había apetito, nuestras charlas eran más cortas, tus pasos se volvieron mas lentos, te pedí que te fueras, que volvieras a Bogotá, que descansaras, que buscaras ayuda médica y un psicólogo para aliviar un poco la carga … te reíste y me dijiste que la psicología estaba muy sobre valorada, que no necesitabas ningún psicólogo y zanjaste esa conversa.


Meses después nos tomábamos un café junto a la parada del trasmilienio del banco de la República, salimos de una de esas cansinas reuniones diplomáticas donde todos los funcionarios ofrecían solidaridad, apoyo, y decían ponerse en tus zapatos (Como si fuera fácil llenarlos… pobres canallas)… y yo salí frustrada, triste, llena de rabia porque el caso no avanzaba, tal como ahora, y seguíamos sin respuestas y llore y putie mucho, por todo; y ese día me hablaste de ismos nuevamente, de luchas sindicales, de juventudes rebeldes, de libros, de recovecos en el centro, y yo lloraba y maldecía y vos dijiste, ¿cuál era el psicólogo al que tenía que ir?. La palabra exacta en el momento exacto; me volviste el llanto risa, nos terminamos los cafés, nos fuimos, yo ya estaba curada… para que luego digan que hace falta un psicólogo. Y te me volviste cómplice… compañero.
Y creo que podría llenar hojas con recuerdos, con silencios, con miedos y quejas… porque de esas también tengo muchas yo no te idealizó, ni pretendo hacer romántica esta relación que también tuvo rupturas, discusiones, gritos, silencios; sino hubiese sido así no seriamos nosotros, no te extrañaría, no te brindaría mi admiración y mi respeto. Ahora todo eso me lo reservo, lo atesoro, los iré sacando cuando me tome cafés en tu nombre…
Desde que me llegó la noticia de tu partida se me instaló la tristeza y la rabia juntas… esta despedida nos agarro distantes, en kilómetros y en palabras… nunca lo dijiste pero siempre he creído que me culpaste de tu regreso a Bogotá… aquí todo era tenso entonces, tu salud empezaba a rebelarse, tu sonrisa, tus charla, tu fuerza era cada vez mas escasa, algunos familiares te convirtieron en su victimario, el Estado hizo eco de sus miserables acusaciones y el caso en Bogotá no avanzaba y te fuiste y entre nosotros se instaló la distancia… ya no habían ni arepas, ni ismos, ni café…. Y desde la distancia en kilómetros te mando estas letras.

El día de tu partida llegaron a mi casa amigos y familiares convocados por ti, apenas supieron de tu partida llegaron a darle su abrazo y apoyo a Alix, a llorarte y como al comienzo los volviste a juntar; algunos de ellos hace tiempo no se hablaban, o se decían frases de pura cortesía, ese día el abrazo fue honesto, fue duro, fue el reencuentro. En 2012 viniste para unirlos, ahora los unes de nuevo.


Y ahí con vos Darío, Mayra, Daniela, Ángelo… tus jóvenes rebeldes te acompañan; ahí con vos tus compañeros de partido que nunca se fueron. Ellos son la mejor prueba de tu amor, de tu lucha, de tu ejemplo. Vos que hablabas de la necesidad de visibilizar a los desaparecidos, de mover la solidaridad de la gente, de lograr que esta lucha no solo fuera de familiares sino también de amigos; ahí están los amigos, despidiéndote de este ahora, leales, fuertes, incansables como vos.

Aquí en Ecuador están los familiares, muchos con miedo de que les pase lo mismo y algún día se vayan sin respuestas, sin verdad, sin justicia; pero dispuestos a seguir, hoy a las 11H00 se encontraran en la Plaza Grande gritarán los nombres de sus hijos, de sus hijas, gritaran tu nombre. Y te nos volviste eterno, te quedaste, estas y estarás con nosotros cada vez que alguien alce la voz y busque a un desaparecido…

Que nadie vacile, que nadie se calle ni sea cortés, por esta muerte tendrán que pagar; a Walter se lo llevó la tristeza disfrazada de enfermedad, el dolor que se ancló en su alma y el Estado tendrá que responder por su muerte, por su silenciosa y larga agonía, por su dolor. No hace falta nombrar a sus verdugos, son tantos, tan atroces y miserables, gobernantes y autoridades se hacen llamar…. Canallas los llamo yo; tan canallas que se atreven a enviar cartas de condolencias, y volverán a decir que entienden de este dolor y se ponen en nuestros zapatos, en los tuyos… ellos no saben mirar a los ojos, no sostiene batallas dignas, no conocen del amor.
Cada vez que un hombre de tus dimensiones muere disminuye la humanidad; tu nos inspiras, te multiplicas en nosotros. Y nosotros y nosotras vengaremos esta muerte, lucharemos esta muerte, dignificaremos tu vida, la vida de Carolina, la vida de los que han desaparecido y están presentes, sin miedo, movidos por el amor, por la dignidad, por por la alegría que nos enseñas. Aquí estas y aquí te quedas porque los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.
Te quiero.



Walter Garzón junto a Jaime Guevara en la Plaza del Teatro, 1 de Mayo de 2013. 


Walter Garzón buscó a su hija durante 1598 días.

Plantón en la Plaza Grande mientras se realiza la quinta reunión con el presidedente Rafael Correa
Los familiares se negaron a ingresar a la cita.

Plantón en la Fiscalía General del Estado, 2012. 

18 de mayo de 2015

'Las instituciones deben aprender a recuperar la voz de las víctimas'

Alexandra dos años buscando la verdad, Alexandra dos años haciendo una y otra vez la misma pregunta a centenares de funcionarios, Alexandra dos años recibiendo las mismas respuestas vacías, carentes de fundamento…. 

Durante estos dos años, el Estado ecuatoriano, al igual que en otros tantos casos, ha negado a Alexandra Córdova y a su familia el derecho a la verdad. Nos ha negado ese derecho a todos y todas quienes diariamente preguntamos ¿Dónde está David Romo?...

Esa ausencia de verdad en el caso de David Romo también implica que el Estado ecuatoriano ha favorecido la impunidad y la repetición crónica de estas gravísimas conductas que alteran la integridad personal, la vida…  porque cuando desaparecieron a DAVID, a CAROLINA, a JULIANA, a ORLANDO, a CAMILO, a LUIS DANIEL…. Desaparecieron sus proyectos de vida, sus búsquedas, sus sueños, sus amores…y entonces también nos privaron a todos de disfrutarlos y construirlos con ellos, con ellas….. 

Esta falta de verdad sobre lo que ocurrió con ellos y ellas pone de manifiesto la inadecuada investigación y administración de justicia,  pone en evidencia que el Estado ecuatoriano incumple una de sus principales obligaciones vinculada al esclarecimiento judicial de conductas como la desaparición, propiciando además una total indefensión para las victimas presentes y futuras. El no esclarecimiento oportuno e integral de los hechos, la no sanción a los responsables de los mismos generan responsabilidad estatal por incumplimiento de su obligación de brindar protección judicial. Así mismo lo generará la ausencia de medidas de prevención del daño al no adoptar las medidas necesarias para asegurar la efectiva protección de los derechos humanos en las relaciones inter-individuales. 

Por ello, para reconstruir los sueños y reivindicaciones que dieron sentido a la vida de David Romo, de Carolina, de Juliana, de Orlando, de Camilo, de Luis Daniel… y lograr que estas injurias a la dignidad humana no vuelvan a repetirse es preciso recuperar LA VERDAD y vencer la memoria oficial que el Estado pretende imponernos cuando intentan poner sobre DAVID y sobre su familia la responsabilidad de los hechos, cuando pretenden dividirnos de otros familiares imponiendo supuestos privilegios, cuando nos hablan de 800 diligencias que no llegan a ningún sitio y solo terminan convertidas en 800 infructuosas actividades que engrosan un expediente y pueden incluso a justificar salarios y ascensos. 

Y es que al final de estos dos años ni las estadísticas oficiales, ni los pretendidos expedientes de “investigación y justicia” que maneja la institucionalidad nos pueden dar cuenta de esta verdad. Únicamente la versión de las víctimas, sus familiares y amigos es la que podrá dar cuenta de los proyectos y los sueños de David, del vacío de su ausencia, de la persistencia de su madre, de los hechos. 

Uno de los desafíos más grandes que dos años después queda latente es que el Estado ecuatoriano, sus fiscales, sus agentes policiales y su institucionalidad debe aprender a recuperar la voz de las víctimas, a dar valor a sus aportes, a generar actuaciones que sean reparadoras y no agraven más el daño, que ya la desaparición de su ser querido les ha causado; a reconocer sus omisiones y debilidades institucionales para abordar este gravísimo fenómeno y dar respuestas efectivas…. Porque la ausencia de verdad impide justicia, incrementa la impunidad y favorece que los responsables de estos gravísimos hechos se amparen en el olvido y la distorsión de la memoria…


Plaza Grande. Plantón de visibilización de las personas desaparecidas en el país. Foto: Giovanni Rueda. 


 

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