8 de enero de 2015

Vive un calvario por la desaparición de su hija


En estos días de fiesta, paz y recogimiento familiar, Yadira Labanda hace un llamado desesperado a los ecuatorianos de buen corazón, para que abran sus mentes y almas y conozcan lo que ha significado la desaparición de su hija, Angie Carrillo Labanda, estudiante de primer año de Medicina.

Yadira Labanda en la Plaza Grande.
La aflixión de esta madre comenzó el 28 de enero de 2014 cuando se enteró que su pequeña desapareció en Riobamba (Chimborazo). Desde ese momento, su vida se transformó en un calvario. Ella ha implorado y suplicado a cualquiera que pudiera tener alguna información de este caso y ha tocado a todas las puertas que ha podido, pero no ha obtenido resultados positivos.


Dice que lo único que ha recibido son rumores sobre el paradero de Angie. Algunas personas le han dicho que la han visto en uno u otro sitio. Ha recibido llamadas en las que le han dado pistas falsas e incluso considera que falta una investigación seria por parte de las autoridades. Su mayor angustia es que no sabe si estará viva o si habrá corrido la peor suerte. Se pregunta cómo son sus noches y sus días.


Esta madre espera que ocurra un milagro y lamenta que su hija se haya convertido en un número que se añade al de tantos otros desaparecidos. Dice que se ha dado cuenta que los humildes valen muy poco ante los ojos de un mundo en el que reina la ley del más poderoso. “No me queda más que encomendarme a Dios e implorar con desesperación la justicia divina, ya que parece que la comunidad nacional es indiferente a nuestras plegarias”.


Pedido de ayuda


Pese a que nadie le ha dado una pista cierta sobre el paradero de su hija, Yadira Labanda venciendo su desesperación e impotencia, hace un pedido de ayuda y solidaridad para que se luche por los Derechos Humanos de los más débiles y necesitados. También apela a la buena voluntad de los ecuatorianos para que extiendan su mano solidaria en la misión de buscar a su hija y a todos los desaparecidos que hay en el país.


“Necesito confiar en la solidaridad de las personas y en su buen corazón”, dice la misiva de esta madre, quien le recuerda a su hija que donde quiera que ella se encuentre y que por dura que sea la prueba que le ha puesto la vida, “siempre estará con ella hasta el final de los días”. (LC)

Contenido publicado originalmente en:
La Hora, 29 de diciembre de 2014.
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