19 de octubre de 2014

Los vacíos en la indagación forense dificultan la identificación del ‘NN’

El deficiente tratamiento de cadáveres en las morgues y la falta de una base de datos única impiden que un fallecido inidentificado sea hallado por su familia.

En el cementerio de San Diego, centro de Quito, se entierran los cuerpos NN. Foto: El Comercio


La pintura de las lápidas blancas de cemento se descascara por el sol en un pequeño lote de beneficencia del cementerio de San Diego, en el centro de Quito.

La mayoría no tiene nombres ni fechas. Tampoco flores. Unas cuantas están identificadas con un número escrito con tinta negra. Allí reposan los cadáveres de hombres y mujeres, cuya identidad desconoce el Estado. Se los llama ‘NN’.

Condenados al anonimato. Sin identidad, sin voz y sin historia o familia, los ‘NN’ son las personas que por desgracia murieron lejos de sus hogares, llegaron a las morgues sin documentos personales o sus cuerpos fueron encontrados en estados muy avanzados de descomposición, cercenados, quemados o en piezas óseas.

 Durante 34 meses, Enrique Witt, de 50 años permaneció inidentificado. Tras cinco meses de su desaparición, el 7 de mayo del 2011, la Policía halló sus restos en una quebrada, en el Comité del Pueblo, en el norte de la urbe. Por su estado de descomposición los agentes no pudieron recoger sus huellas dactilares.

Mientras los policías indagaban, su hermana, Rosa Witt, distribuía 20 000 calendarios con la foto de Enrique: deambulaba en las madrugadas tratando de localizarlo entre los indigentes e iba con regularidad a la morgue de Quito.

Durante la entrevista con este Diario en su casa, no oculta su indignación al recordar que en agosto del 2012, cuando entregó a los agentes las huellas dactilares de su hermano, que obtuvo del Registro Civil, él tenía 10 meses en la morgue. “Y nadie me dijo que estaba ahí”.

“No se necesita ser indigente para convertirse en un NN”, comenta Diego Salamea, director de Gestión Procesal de la Fiscalía. Luego de los allanamientos que ejecutó esta institución, desde abril a junio pasado, en morgues y cementerios del Guayas, Sucumbíos y Esmeraldas se evidenció el deficiente manejo de los cuerpos de los fallecidos inidentificados.

La Fiscalía encontró que en cantones de Esmeraldas, los cuartos en donde se apilaban a los cadáveres no tenían luz ni agua. Pero esto no solo pasa en pequeñas ciudades. “En Guayaquil los restos se apilaban en fosas comunes. Algunos estaban en fundas plásticas, esparcidos sobre la maleza u osamentas mezcladas en un nicho”, expresa el funcionario. Tampoco había un registro prolijo. Entre unos manuscritos faltan meses y hasta años completos. No existe un dato consolidado de cuántos cuerpos sin identidad hay en el país.

Pero este es solo un síntoma. Detrás se oculta un drama que viven cientos de familias: los desaparecidos. Para Lourdes Mejía, coordinadora de organizaciones de desaparecidos, buscar por años a un familiar y luego enterarse que siempre estuvo en una morgue, no es excepcional. “Ocurre porque la investigación forense es todavía básica”, dice. En agosto pasado se halló en la morgue de Quito a dos jóvenes desaparecidos en el 2012 y 2013.

La investigación científica

 En Medicina Legal de la Policía, el procedimiento para establecer la identidad de un fallecido inicia con la recolección de evidencias en el lugar de los hechos. Así lo explica Esteban Macanchi, técnico de departamento de Antropología Forense de la morgue de la capital. Lo explica en un video institucional del Ministerio del Interior, que no ha respondido tres pedidos de información realizados por este Diario desde abril pasado.

La Policía cuenta con cuatro herramientas científicas para hallar el nombre de un ‘NN’. Se trata del programa AFIS para identificación por huellas dactilares; ABIS para establecer perfiles a través rostros; de Antropología que analiza los huesos, y el laboratorio de ADN que busca coincidencias en perfiles genéticos.

 Según ese Ministerio, 112 cuerpos desconocidos que ingresaron en el 2013, en Pichincha, fueron identificados y 46 aún no. Este año, 50 ‘NN’ fueron reconocidos. Y otros 23 casos son todavía una incógnita. Pero la mayor dificultad es que la base de datos AFIS es reducida. Hasta enero de este año, contaba con unos 400 000 perfiles. Este dato se conoció durante la inauguración del Centro de Ciencias Forenses. De estas, más de 44 000 son de policías, 29 716 de personas con permiso para portar armas. Su sistema se nutre también de personas detenidas, cuyas huellas fueron registradas. La Policía no maneja la información de los 15,7 millones de ecuatorianos. Tampoco accede a la del Registro Civil.

“Eso significa que, por ejemplo, si viajo a Quinindé sin avisar a nadie y muero sin mis documentos personales, a pesar de que tomen mis huellas dactilares no podrían establecer quién soy porque no estoy en la base de datos policial”. “Primero, ahí nadie va a tomar sus huellas”, dice Salamea. “Así que –agrega-, su familia puede protestar en la Plaza Grande y decir: ‘mi hija desaparecida’, pero no es que alguien la desapareció, el sistema se la tragó”.

Vacíos y descoordinación

La familia de Guillermo Sarzosa, de 64 años, recorrió hospitales, albergues y morgues de varias provincias en busca de su paradero. Su hijo, de 31 años, quien lleva el mismo nombre, no imaginó que durante 11 meses su padre estuvo refrigerado en Medicina Legal de Quito.

La víctima desapareció en julio del 2013 en Ibarra. Al parecer -cuenta su hijo- habría tenido un accidente y fue trasladado al Hospital Eugenio Espejo. Allí murió el 1 de julio del 2013. Durante todo ese tiempo, su familia lo rastreó. Hasta que el 3 de agosto, el hijo recibió una llamada del agente investigador. Le informó que su padre estaba en la morgue. No fue la única sorpresa. Lo que a Sarzosa le indigna es que su papá no era un ‘NN’. Ingresó al cuarto frío con sus documentos, con nombres y apellidos. “Había la denuncia, sabían que lo buscaba y nadie se tomó la molestia de decirme aquí está. Quería hallarlo vivo”, cuenta. Lo reconoció por un tatuaje en el brazo que él pintó. Ese hombre con el rostro ilegible era su padre.

Rosa Witt también albergó la esperanza de encontrar con vida a su hermano. Aún después de que el primer examen de ADN realizado por la Fiscalía confirmó que la osamenta no pertenecía a su familiar. Pensó en seguir buscando. “Pero algo me decía que sí era”.

Tanto insistió que se ordenó otra prueba en el laboratorio de la Policía que fue positiva. Para salir de dudas, tuvo que reclamar en una tercera pericia, esta vez se hizo en Colombia. También fue positiva. “Tuve que esperar casi tres años para darle cristiana sepultura”, expresa entre sollozos.

No olvide

Nadie está libre de las desgracias. Un accidente de tránsito en otra provincia o país o un desastre natural pueden convertirse en un caso de una persona ‘NN’. 

Una de las formas de mejorar la identificación de cadáveres, que se hace en otros países, es pedir a los odontólogos guardar una ficha de las piezas dentales. 

También los médicos o cada persona deben guardar las placas de lesiones óseas. Así, un antropólogo podría identificar un cuerpo sin identidad. 

En contexto
Los allanamientos de la Fiscalía a morgues y cementerios evidenciaron un desorden absoluto en el control y manejo de personas fallecidas sin identidad. En algunos casos rociaron los cuerpos con cal, lo que destruye los datos genéticos.


Contenido publicado originalmente en:
El Comercio
Sara Ortiz/22 de septiembre de 2014.
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