12 de agosto de 2016

“Es tiempo de abrir los ojos y no permitir que exista una mujer más asesinada”

Soy la madre de Angie Marianella Carrillo Labanda, joven hermosa de 19 años que fue asesinada por su exnovio el día 28 de enero de 2014, aún a sabiendas que mi Angie, mi preciosa hija, estaba embarazada.

Mi hija era una mujer joven y hermosa de 19 años cuando cometió el error de aceptar una última conversación con su exnovio. Ella en el mejor momento de su vida estaba estudiando la carrera que le apasionaba: Medicina, en la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH).

Enamorada de su ciudad Lago Agrio su tierrita caliente como ella misma lo decía, estaba por vivir la mejor etapa que cualquier mujer puede pasar, estaba por vivir su embarazo a plenitud, aún tenía muchas cosas que vivir con su familia. Ella era muy entusiasta con todo cuanto estaba sucediendo en su vida. Tenía ganas infinitas de vivir, de sentir, de amar y ser amada. Ella era una persona joven y sana, a veces confiada yo diría demasiada confiada, tal vez un poco testaruda y en otras ocasiones tímida y dulce como la niña que aún, a sus 19 años, era.

Un 28 de enero de 2014, como madre puedo decir, inició mi peor pesadilla. Mi hija, mi adorada hija desapareció. La búsqueda fue implacable, incansable, eterna y podrán imaginarse extremadamente dolorosa. No hubo puerta que no toque, no hubo persona con la que no hablé, pregunté y supliqué. En ese camino debo contarles que conocí muchas personas, algunos indiferentes a mi dolor, otros que oraron por mí y otros tantos que me acompañaron en mi camino de lágrimas.

Fueron 27 meses incansables en que recurrentemente mis lágrimas parecían ya no existir, 27 meses de desesperación, 27 meses de impunidad pues una de las personas a quien siempre pregunté por el paradero de mi hija, irónicamente era su asesino y él siempre de la manera más fría y cruel negaba tener algo que ver con su desaparición, fueron meses de preguntas a este sujeto, meses en los que ni la Fiscalía, ni la Policía lograban que nos diera rastros del paradero de mi amada Angie.

Fueron tantas las acciones realizadas de mi parte que me faltaría vida para contárselas todas: barridos, viajes, plantones, marchas, entrevistas, miles de oficios, cartas y siempre debo confesar, siempre guardaba la esperanza de un día encontrar a mi hija con vida. De poder volver a abrazarla, de llenarla de besos, de un día despertar y verla a mi lado recuperando todo el tiempo perdido, pero como la ansiedad supera la realidad, un día 04 de mayo de 2016, mi vida entera sufrió el peor colapso que una madre puede sufrir. 

Una llamada acabó con mis sueños y mis esperanzas, con una llamada se ponían fin a mi eterna espera, una llamada confirmó mis peores temores, mi hija fue encontrada de la peor forma, muerta…enterrada como un despojo a pocos metros de la casa de su asesino.
En una quebrada, en donde de hecho votan basura, ahí en ese lúgubre lugar se encontraron las osamentas de mi hija, mi niña reducida a huesos, enterrada sin el más mínimo respeto por su cuerpo, ahí en ese lugar quedaron mis esperanzas, mi carne, mi propia vida, mi hija y mi nieto.

En ese lugar encontraron la muerte en manos de un resentido social con la vida, en manos de un ser violento e irrespetuoso de la vida ajena, en manos de un cobarde y vil ser.

Cuántas veces pregunte a este ser por mi niña y siempre la respuesta fue: "No tengo nada que ver", si hoy lo tuviera frente a mí la pregunta sería ¿por qué? ¿por qué la mataste y luego tiraste su cuerpo como basura y junto con ella el cuerpo de su hijo? Escondiste su cuerpo en una quebrada y nosotros, su familia fuimos dejados, en el tormento de no saber por dónde estaba y que fue lo que realmente sucedió esa noche terrible del 28 de enero de 2014.

 Le preguntaría ¿Por qué fue incapaz de parar antes hacer un acto tan miserable? En fin, hoy no me quedan más que miles de preguntas y mi corazón se agita al pensar, cómo fueron los últimos momentos de vida de mi hija y mi nieto que segura estoy desde su vientre también clamaba auxilio. Me imagino que se defendió como pudo, pero sus fuerzas no le acompañaron aquella noche y si hoy entiendo que mientras, yo su madre soy la dueña de sus primeras palabras, de sus primeras sonrisas, de su felicidad, su asesino es dueño de su silencio eterno, de sus lágrimas, de su infinita soledad en ese lugar donde dio sus últimos respiros y vio por última vez la luz del día. 

Yo le di la vida y él le dio la muerte. En este punto, llamo a emprender una campaña social para que jóvenes como lo fue mi hija no confíen en cualquiera, que entiendan que cualquier tipo de maltrato, cualquiera que sea este, nunca, nunca se justifica de ningún modo. Al igual que entiendan que el acoso es denigrante y es el primer paso para entender que sus hoy acosadores mañana pueden ser sus asesinos. Basta de pensar que los hombres violentos un día cambiarán, sujetos así nunca cambian, solo perfeccionan sus tácticas para día a día vulnerar más a sus víctimas y claro un buen día cuando sienten que ustedes empiezan a reaccionar harán lo único que estos seres cobardes pueden hacer, violan, agreden y asesinan por la sola satisfacción de sentir que no han perdido el poder.

Mujeres todas, es tiempo de abrir los ojos y no permitir que exista una mujer más asesinada por la ira y la cobardía de una hombre violento. La vida de mi hija debe tener un sentido, no porque un cobarde la mató su nombre y su esencia se apagó, físicamente ya no está, pero su espíritu sé que hoy está junto a mí.


Hay una gran cantidad de cosas escritas sobre el perdón y el cierre en estas situaciones, cuando hay un asesino de por medio, pero yo supongo y quiero pensar que es con la esperanza de que ella, mi hija lo perdone. No nosotros. ¿Cómo podemos perdonar cuando ni siquiera aún se ha hecho justicia? ¿Qué lo perdone por el dolor, sufrimiento y todos los años perdidos de vida de mi hija?  No podré verla graduarse de la Universidad como ella quería, no podré saber cómo iba a ser mi nieto o nieta, me robaste dos vidas enteras.

 PERDÓN… quizá el día que escuche tu sentencia y sienta que la justicia hará contigo lo que mi hija no pudo hacer, quizá el día que sienta que mi alma descansa de tanta rabia y dolor, tal vez cuando mis ojos se cierren definitivamente y esté lista para encontrarme con mis dos seres amados, quizá ese día, mientras tanto debo luchar por que la justicia sea algo real y porque el sistema, nuestro sistema entienda que cuando pido justicia por un hecho como este, no es un favor, lo que pido es mi derecho y lo exijo, lo demando y quiero ver cristalizado la justicia para mi Angie Carrillo Labanda.

Finalmente, deseo mencionar que hoy el recuerdo de mi hija es la luz que me impulsa a seguir este trágico suceso. Nos volvió más fuertes como familia, mis otros hijos son mi soporte y mi fuerza diaria para seguir de pie y sé que si la vida es justa viviré con mis otras hijas e hijos lo que no pude vivir con mi Angie. Tengo que decir que me duele todos los días todo lo sucedido. Pienso en la vida muy diferente que mi familia podría haber tenido. Pero en fin el hecho es que esta es mi realidad y desde aquí voy a luchar a diario para que toda esta historia. Mi historia sea replicada cada vez que se pueda y claro lo más importante nunca más vuelva a pasar.

A ti mi preciosa Angie, como siempre gracias por ser ahora mi ángel y nuestra cita diaria como siempre será en nuestros sueños, te amo mi amor…

Yadira Labanda Moncada.
Mamá de Angie Carrillo Labanda

Yadira Labanda buscó a Angie por 27 meses, Foto: Facebook





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